La espera tiene un propósito

Todo tiene un propósito y este tiempo de espera que vivimos, a causa de la cuarentena, no es la excepción. Te comparto aprendizajes que han maximizado mi vida en medio de esta "parálisis", deseando que sean útiles para ti.

El 2 de marzo de 2020 mi esposo viajó a España con el propósito de concluir una etapa de trabajo allí y reunirnos pronto (al cabo de máximo 2 meses) en Barcelona o en Bogotá para continuar nuestra vida juntos. Sin embargo, el Covid-19 nos obligó a alejarnos físicamente, pero logramos fortalecer nuestro amor, unirnos más, soñar con un futuro juntos, trabajar para construirlo, dudar de volvernos a ver, recobrar fuerzas y finalmente, después de casi 5 meses, recibir la noticia de que un vuelo humanitario permitiría nuestro reencuentro.

Sin duda fue una dura etapa de espera que trajo muchas enseñanzas a mi vida, pero la más grande de todas es que Dios cumple sus promesas. El 8 de abril Él me había prometido que iba a sacar a mi esposo de España, y cuando veíamos más oscuro el panorama, recibimos esa buena noticia del vuelo humanitario. (Hoy él está cumpliendo su tiempo de aislamiento, pero ya estamos en la misma ciudad y en pocos días nos volveremos a ver).

Durante todo ese tiempo y aún hoy, porque seguimos en cuarentena, he practicado todo lo que te contaré a continuación y espero te sirva para disfrutar con esperanza esta época de espera.

La clave para disfrutar el tiempo de espera es descubrir el propósito que tiene sobre mi vida. Te invito a que te preguntes: para qué estás viviendo este tiempo de espera, qué necesitas aprender y cómo puedes ser mejor persona en medio de esta situación.

Lo primero que entendí fue que mis fuerzas no eran suficientes, necesitaba conectarme conscientemente al amor infinito que habita en mí y seguro en ti, entregarle mis miedos, cargas y preocupaciones para que a cambio llenara mi corazón de amor, fe y esperanza. Eso me hizo tomar el hábito de orar todos los días, leer la biblia, alabar a Dios, recordar sus promesas, creerle, agradecerle y sobretodo hacerlo dueño de mi vida.

Todo esto fortalece mi alma y me ayuda también a entrenar mi mente para no enfocarme en lo que no puedo solucionar y en lugar de ello elegir pensamientos que me inspiren a abrir mi mente para aprender, crecer en medio de la espera, ser feliz y sentir que hay un progreso en mi vida, así esté en medio de 4 paredes 24/7.

Adicional a lo anterior, hay temas sobre los cuales debo simplemente esperar confiando en que pasará lo que tiene que pasar, desapegarme de una idea o solución porque a veces es necesario simplemente confiar, “quedarse quieto como la noche hasta que vuelva a amanecer”, esto ocurre cuando la solución no está en nuestras manos y necesitamos practicar la paciencia. En este caso estoy segura que en el momento perfecto se terminará la cuarentena, volveremos a salir, bailar juntos y abrazarnos.

Otra enseñanza es tener visión porque hay asuntos en los que sí podemos actuar y son aquellos que se relacionan con lo que anhelamos y podemos avanzar desde casa. Por ejemplo, crear un proyecto personal o profesional, aquí he tenido que reactivar mis sueños, tener visión sobre lo que quiero para mi futuro, soñar en grande y creer con todas las fuerzas de mi corazón que se hará realidad porque tenemos la habilidad de crear todo lo que creemos.

Sanar las heridas emocionales es algo que he aprendido a hacer y que me he dado cuenta que es necesario practicar casi todos los días porque nadie es perfecto, siempre habrá alguna persona que nos hiere, decepciona o nos sorprende haciéndonos daño con o sin intensión, pero los momentos de soledad son ideales para quitar cargas, dejar ir esas situaciones que nos han hecho daño y reemplazar con perdón y amor cualquier sentimiento de dolor o rencor.

Muchas veces esas heridas nos las hacemos nosotros mismos porque cuando estamos atravesando un momento difícil, una prueba, es cuando salen las cosas más “feítas” de nuestro corazón, aquello que debemos mejorar, cambiar o eliminar para ser buenas personas, hacer realidad los sueños de nuestro corazón y hacer el bien.

Despertar la conciencia sobre todo lo que me afecta o aumenta mi nivel de ansiedad para gestionarla y permitirme vivir estas etapas que me enseñan y ayudan a sentirme mejor en el momento perfecto:

Etapa 1: Sentir y reconocer la ansiedad causada por x o y situación (una noticia, una llamada, un pensamiento…)

Etapa 2: Recordar que la ansiedad, así como cualquier emoción, es pasajera, no dura para siempre, así que me permito sentirla, respirarla y darle la bienvendia para posteriormente en el momento adecuado despedirla.

Etapa 3: Reconocer que todo tiene su momento, que en el tiempo perfecto se irá esa ansiedad, solo es cuestión de dejarla estar para luego dejarla ir. Y así mismo con la cuarentena: cuando estaba mi esposo en otro país yo pensaba que en el momento perfecto me reencontraría con él, solo lo dudé un día, pero pedí apoyo con oración a las personas que amo, recobré la fuerza y volví a creer que lo vería de nuevo. Hoy sé que ese momento será la próxima semana.

Finalmente, te comparto una reflexión que Víctor Frankl, sobreviviente del holocausto: “Desesperanza es igual al sufrimiento sin propósito”. Así que una vez encuentres la razón por la cual sufres en medio de esta espera, ponte en marcha, define una meta, conviértelo en un logro, en un cambio en tu vida, en una conquista para continuar tu proceso de construir tu mejor versión y ser feliz de verdad.

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