Si recibo un reclamo: ¿Elijo el Amor o Reacciono desde el Juicio?

Según el libro más leído y antiguo de la humanidad; desde Adán y Eva, las personas hemos evitado asumir la responsabilidad de nuestros actos y en lugar de eso, buscamos culpar o juzgar a los demás, al entorno o a la situación. Lo triste es que por esto nos estamos perdiendo de disfrutar relaciones sanas, basadas en el amor, uno de los secretos de la felicidad.

Es así como Eva, por su parte, le echó la culpa a la serpiente, mientras que Adán culpó a su esposa y a Dios. Si tan solo hubieran asumido la responsabilidad… En fin, hoy sabemos que eso fue necesario para aprender a caer para crecer y como parte de ese proceso está el reconocer los errores con humildad, recordando que todos estamos en el mundo para ser mejores personas y que nadie es perfecto.

Una persona feliz disfruta de relaciones sanas, basadas en sus valores personales y compartidos. La construcción de estas relaciones requiere de una práctica constante de asertividad, que consiste en comunicar desde el amor lo que duele o hace daño, respetando los derechos propios y los de la otra persona; con el objetivo de afianzar los lazos de amor, amistad o familia.

Para ser asertivo se requiere valentía y una intención sincera de mantener relaciones sanas y amorosas. Sin embargo, para nadie es fácil recibir un reclamo y en muchas ocasiones vemos que casi por instinto, en lugar de responder desde el amor, se reacciona desde el juicio, se genera un escudo de defensa que al final termina haciendo que la herida sea más profunda en la otra persona y que incluso se desvanezca la relación.

Reaccionando desde el Juicio

Te comparto a continuación algunos síntomas, que por cierto los hago en forma de refrán popular para que sea un poco divertido :P, que evidencian las reacciones que podemos tener cuando se nos olvida lo importante y nos dejamos llevar por los deseos de la carne.

Prendamos las alarmas en nuestro interior si observamos que, al recibir un reclamo, crítica o petición; reaccionamos de alguna de estas formas o peor aún, de todas:

*“Con los guantes puestos”: Reaccionamos a la defensiva, negamos o justificamos lo que hemos hecho e incluso criticamos lo que nos ha dicho la otra persona, buscando la mejor excusa para arrebatarle la razón.

*“Volteando la arepa”: Lo primero que hacemos es echarle la culpa de lo ocurrido a la otra persona, incluso de hechos del pasado para desviar la atención del tema que nos ocupa.

*“El ladrón juzga por su condición”: Juzgamos a la otra persona por el reclamo que ha hecho, buscamos razones para hacerla sentir inferior o sin autoridad para exigir sus derechos.

¿Y si elegimos el Amor?

Cuando hablo del amor no me refiero al sentido romántico o de pareja que nos vende la sociedad, sino a esa fuerza infinita que nos inspira a ser buenas personas, hacer el bien a los demás, relacionarnos con empatía y no solo simpatía, trabajar por nuestros sueños para cumplir el propósito que tenemos en la tierra, construir relaciones sanas y disfrutar de ellas, agradecer y ser felices cada día.

Entonces, al recibir un reclamo por algo que tal vez hemos hecho y que hirió a otra persona, nuestra actitud podría verse más o menos así, si elegimos el amor:

*Hacemos una pausa para quitarnos los guantes y recordar que nadie es perfecto y que por lo tanto siempre podemos aprender a ser mejor persona.

*Pensamos en lo que hemos hecho y en lo que nos ha dicho la otra persona, no perdemos de vista el lazo que nos une y reconocemos el corazón herido de esa persona.

*Le agradecemos haber manifestado ese dolor o incomodidad y nos abrimos a un espacio de conversación para escuchar y comunicar los derechos de los dos hasta que se llegue a un acuerdo.

*O lleguemos a hacer una sincera pedida de perdón, en la que se reconozca que se hirió a la otra persona, sin juicio y sin hipocresía. Sintiendo el arrepentimiento y las ganas de sanar esa herida porque solo así se logra un cambio positivo en cada uno y en la relación.

En cuanto al juicio, la invitación es a cambiarlo por amor y limitarnos a observar lo que la otra persona dice o hace sin ir más allá, sin creernos mejores o con derecho a juzgar. Simplemente porque ninguno de nosotros es perfecto y todos estamos transitando por esta espiral infinita de crecimiento que es la vida.

Finalmente, somos espejos: Las personas que nos molestan, no nos gustan o sacan lo peor de nosotros, son las que más nos forman porque reflejan que tenemos algo pendiente por trabajar en nuestro interior para ser mejores personas.

Juzgar al otro es usurpar el trono de Dios

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